Soft skills para emprendedores

conferencia virtual

En el último seminario realizado para los viveros de empresas de la Comunidad de Madrid, hablamos de una manera práctica y ejecutiva de las habilidades clave que deben tener y desarrollar aún más los emprendedores.

¿Quiénes son “emprendedores”? Personas que deciden lanzarse a vender soluciones, ya sean productos o servicios, que consideran únicas y diferenciales.

Empezar en un mercado en el que seguramente haya barreras de entrada y mucha competitividad, crear una imagen de marca, darse a conocer, crear una web y desarrollar toda una red de networking, alianzas y fases de comercialización son sólo algunos de los frentes a los que un emprendedor debe plantar cara.

Todo lo anterior hace que los que comienzan su andadura o llevan ya algún tiempo en ella necesiten desarrollar aún más ciertas competencias como son el optimismo, la resiliencia y la capacidad de adaptación.

Parece casi obvio que una persona que empieza con un negocio debe ser optimista, ¿verdad?. Ciertamente estas personas cuentan con unos niveles importantes de optimismo, pero como todo, si no lo mantenemos y lo potenciamos dejamos de tenerlo. A veces podemos creer que somos optimistas, y sin embargo lo que estamos haciendo es obviar la realidad. ¿Cuándo nos damos cuenta de que somos unos “falsos optimistas”? En el momento en el que las cosas no salen como teníamos pensado o que al segundo revés nos desmoronamos y nos vamos al otro extremo. ¿Podemos ser realmente optimistas? ¿Ser optimista implica fijarse sólo en lo positivo? En absoluto. Una persona optimista es aquella que, viendo los pros y los contras de cualquier situación, da más peso a lo positivo que a lo negativo. Es una persona que ante una dificultad, ve un reto. Alguien que no se contenta con lo que hay, sino que ve más allá.

Por eso el optimismo está muy relacionado con la resiliencia. Esa capacidad de sobreponernos a las dificultades y de salir reforzadas de ellas. Y los que comienzan un proyecto nuevo son, o deberían ser, personas que saben que van a encontrar dificultades en el camino, pero que las superarán. La resiliencia no es una simple “capacidad de aguante”, como quien aprieta los dientes ante la adversidad. Es una habilidad que se desarrolla de manera consciente, sabiendo que todo tiene un por qué y que vale la pena seguir adelante porque el fin vale la pena. Y además, salir más fuerte. Para lograr esto, como podéis imaginar a estas alturas, es necesario el optimismo.

En cuanto a la capacidad de adaptación, quién mejor que un emprendedor debe desarrollar esta capacidad. El inicio, el crecimiento y todas las fases por las que se va pasando a lo largo de la vida del proyecto implican, por sí mismas, una flexibilidad constante. Si le sumamos un entorno VUCA, tenemos la combinación perfecta para que el saber surfear por toda esta maraña de cambios, vaivenes y altibajos sea imprescindible.

¿Cómo adquirir, o fortalecer, estas habilidades? Con una hoja de ruta y entrenamiento. Pequeños pasos cada día. Analiza puntos relacionados con cada una de las competencias descritas y fíjate una meta concreta para cambiar tu actitud o mejorarla.

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