Una de las buenas noticias que trae la revolución de la IAG (inteligencia artificial
generativa) es que va a certificar la defunción de la formación tradicional de las soft
skills en el mundo empresarial.
No va a ocurrir de la noche a la mañana, porque las empresas no tomarán conciencia de
este hecho más que de forma progresiva, probablemente en los próximos 2 a 4 años.
Lo cierto es que las empresas nunca han creído de verdad en la eficacia de la formación
de soft skills… y las pocas que han invertido en ellas, han sacado poco provecho de los
programas de formación en ellas. Las razones son diversas:
- Las soft skills son intangibles: si formas en cómo interpretar un balance, o en cómo hacer un plan de marketing, es fácil comprobar que has aprendido. Con las soft skills, ¿cómo mides que de verdad ha servido para algo?
- La formación tradicional trata a los soft skills como algo de tipo cognitivo, es decir se aprende por transmisión del conocimiento y de forma cognitiva. Por eso fallan todos los programas de formación con el enfoque tradicional: las soft skills afectan a la actitud y al comportamiento, y ninguno de estos cambian con el merco conocimiento.
- Incluso cuando se organizan eventos de “gurús” en la materia, éstos arrancan un “wow” muy impactante… que se diluye a los pocos días, y nada cambia. Lo mismo con los talleres presenciales: el efecto tarda más, pero los resultados no se sostienen en el tiempo.
- La modalidad de coaching personalizado funciona individuo a individuo: pero eso es caro, no se puede escalar, por tanto queda limitado a directivos de alto nivel. No sirve para inculcar soft skills a nivel departamental o de cultura organizativa.
Es decir, la formación en soft skills en las empresas lleva años estando moribundo,
aunque se resiste a morir porque, paradójicamente, las empresas perciben que en la
época actual de volatilidad, hiper-competencia y revolución digital, el factor humano es
cada vez más importante. Solo por citar dos fuentes de autoridad:
- El Future of Jobs Report 2025 (World Economic Forum) cita que el pensamiento analítico sigue siendo la competencia número uno, pero justo después sitúa resiliencia, flexibilidad y agilidad, junto con liderazgo e influencia social (todas éstas son competencias emocionales).
- McKinsey, Superagency in the workplace: AI in the workplace 2025 señala que el 92% de las compañías planea aumentar sus inversiones en IA en los próximos tres años, pero solo el 1% de los líderes considera que su empresa es madura en despliegue de IA. Esto refuerza la tesis de que la ventaja no estará solo en comprar tecnología, sino en tener personas capaces de aprender, colaborar, liderar y transformar procesos.
En el siguiente artículo voy a exponer cómo estas realidades: la imperiosa y creciente
necesidad en empresas de formar a sus directivos y empleados en soft skills, y la
inadecuación de la formación tradicional en cubrir esta necesidad, se resuelve con una
combinación innovadora “inteligencia emocional potenciada con inteligencia artificial”.
Una revolución que certificará la defunción de la formación tradicional de soft skills, con
el advenimiento de una nueva forma disruptiva de formar en soft skills.
Michael de José, PH.D.
Doctor en inteligencia emocional aplicada a organizaciones
www.consejerosmasdigitales.com